sábado, 14 de julio de 2007

APUNTES DE LA ZONA DE ALTO IMPACTO Y LA IMPORTANCIA DE LA COMPRENSIÓN DE LOS CONFLICTOS


La Zona de Alto Impacto es un espacio percibido desde afuera como una zona donde se concentra violencia y altos grados de conflictos entre los allí habitantes. Se unen en el espacio físico la historia de gente que perteneció a un barrio tradicional de los cincuentas, barrio residencial y de buena data que para muchos se detuvo en el tiempo mientras que para otros fue el refugio de las épocas de la Violencia y ahora el refugio de la diversidad sexual, las casas de refugios de desplazados, casas de reinsertados, centros de resocialización. Características que hacen que el reconocimiento del sector por parte de los habitantes sea aún mas disperso, sus líderes y sus transeúntes hacen de esta zona una espacio bastante accidentado. Los conflictos las querellas, los derechos de petición, las discusiones de la junta administradora local dan muestra de la realidad fluctuante que hace parte del barrio Santa Fe. Pero esa mirada general donde sobre salen los conflictos, no permite entre ver la mirada profunda de lente de lupa, la mirada entre algunas parejas, el compañerismo o la amistad, la complicidad, la supervivencia mancomunada que genera valores que prevalecen sobre los cotidianos conflictos superficiales.

A través de una cartografía social que se realiza en el comedor comunitario Rescate Santa Fe, ubicado entre la calle 23 con carrera 17, los asistentes a este comedor, no hacen parte del consumo y del negocio sexual allí característico; los habitantes que visitan este comedor y que viven en los alrededores, ubican en esta zona un sensación de reticencia, por mas de que habiten cerca de ella la evitan y la consideran insegura. A través de la cartografía social que invita a ubicar sensaciones y sentimientos del sector la zona del barrio Santa Fe, es la zona donde sienten inseguridad pero es la zona que a través del comedor les hace sentir protección institucional. Los habitantes de la calle, por su lado, encuentran también en este lugar albergues y espacios donde se pueden sentir protegidos también. Para los habitantes de calle la seguridad es adentro, nunca afuera ya que tienen bastante vigilancia en la zona y allí específicamente no les permiten quedarse en la calle.


Concebir un concepto de seguridad entonces es relativo, para habitantes ajenos al comercio sexual, es riesgoso andar por ahí, para los dueños de negocios aledaños además de ser conveniente porque les trae clientes, ellos mismos generan sus propios mecanismos de seguridad, para las prostitutas y travestís actualmente es aparentemente mas seguro ya que la alcaldía local y los dueños de: La Piscina, El Casino y Tamaguchi, el gran emporio Asovegas de comercio sexual, es propiedad de militares los cuales tienen rodeada la zona y mantienen allí soldados con vestido de guerra al parecer dispuestos a todo. Quiénes se sienten seguros allí? Si hablamos de la seguridad policial, de la misión pública es definitivamente la seguridad para los grandes establecimientos y quienes hacen parte de ellos, para las mujeres que trabajan independientes esta zona alcanza a ser peligrosa y para los travestis la policía y las fuerzas armadas se convierten en enemigos acérrimos. De otra manera detrás del conflicto evidente, de la violencia directa que muestra el tráfico, el abuso, el robo; existe un conflicto más complejo y estructural. Digo y atribuyo a estructural el hecho de que exista una ley de la calle que divide el espacios tácitamente para las prostitutas mujeres y las prostitutas travestís, para las de los grandes negocios y las de los pequeños o simplemente para aquellas que independientemente trabajan en un pequeño pedazo de calle. La disputa de la noche poco a poco se convierte en la lucha por el espacio, en la muestra de atributos, marcar diferencias, competir, marcar territorio termina siendo la condición para vivir allí, la condición del habitad.

Aún así también se puede hablar de la seguridad que se teje gracias al ambiente que se ha creado allí, el pertenecer al sector, para muchos, dentro del comercio sexual constituye una identidad específica, características comunes dentro de las vivencias de mujeres y travestís prostitutas. Encontrar en la comunidad de la noche puntos de encuentro, características comunes, circunstancias parecidas, historias de vida similares que las llevaron a tomar esa decisión, esa labor; fortalece otro tipo de lazos de complicidad y ayuda que se destacan de esta comunidad. Por eso es en la noche, allí en medio de la “fiesta” donde muchas y muchos se sienten protegidos, libres de estigmatizaciones, de rechazo, quizá también en condición de competencia pero dentro de una igualdad. La diversidad del espacio permite que sea un lugar buscado por muchas personas que en otros lugares se han sentido incómodos por ser homosexuales o por ser prostitutas, por tener que acoger una opción laboral debido a las circunstancias que les ha traído la vida.

De esta manera lo que para muchos y sobre todo para la institución se podría denominar un lugar problema, puede ser un lugar donde se fortalece el tejido social, donde subyace el conflicto social cotidiano, donde a la vez este se convierte en una oportunidad. Ser diferentes en lo sexual pero compartir una condición hace las poblaciones mas concientes las unas de las otras y por lo tanto se generan disgustos y desencuentros, pero a la vez negociaciones para la supervivencia. La ley de la calle, la distribución del espacio hace parte de uno de esos acuerdos tácitos firmados por la dinámica diaria y la cotidianidad.



Desde siempre el conflicto está presente, reconocerlo es aceptarlo, exaltarlo es crear más diferencias de las naturales, aceptarlo es aprender a convivir con él. La visión occidental antropocéntrica que da por hecho el prototipo ideal del ser humano, el deber ser del mismo, des humaniza el conflicto y crea una ruptura abismal donde no la hay. Por eso la tendencia a categorizar a hablar de población problema, la tendencia a segregar porque la visión antropocéntrica nos hace pensar en seres unidimensionales seres perfectos carentes de error. Es interesante observar que algo de la esencia del conflicto como es la diferencia, se puede evidenciar al tomar un espacio como la zona de alto impacto. No sólo por la obvio exaltación de las figuras y de la diversidad sexual; unos barrios más abajo llegando al barrio “Samper Mendoza”, una zona tradicional pero un poco mas residencial, es normal encontrarse con indigentes, travestis, prostitutas, ladrones. Son habitantes de calle, porque ellas mismas lo reconocen y reconocen que les gusta la calle, se visten, hablan y manifiestan como mujeres, andan en grupo y son alrededor de 15. Son segregadas por las prostitutas y los lugares reconocidos de la zona de alto impacto, porque son ladronas y les hace mala fama a las honestas… al preguntar las historias de sus vidas uno se puede dar cuenta como todas han llegado en su mayoría de otras partes del país y cargan consigo la carga de ser homosexuales y de que en sus familias o en sus pueblos no fueron reconocidas como tal, fueron juzgadas o les permitían ser homosexuales sólo en secreto. Todas repíten de una u otra manera la misma historia, llegaron a la ciudad de 16 o 14 años, algún hombre mayor la ayudó o terminó viviendo con ellas enseñándoles el bazuco y con este el fin de la vida. Fin de la vida porque como diría una de las quizá mas rehabilitadas, Monica, de Tulúa Valle “…empecé a fumar los zapatos a fumarme la grabadora, empecé a fumarme la cama, el televisor y todo lo que había hecho con la prostitución sana, terminé en el cartucho llena carangas y con depresión” . Todas por mas de que sigan viviendo en la calle y no hayan dejado del todo el bazuco dicen que haber probado esa “maldita droga” fue la que los hizo perder todo, que ellas nunca se imaginaron terminar así. Sin embargo por otro lado reconocen como la incomprensión en muchos de sus hogares, la ignorancia por la pobreza en otros hizo que sus familias las rechazaran y con esto empezara una interminable cadena de sucesos que las trajo a la condición de hoy. Si no fuera por todo lo sucedido en sus hogares, quizá ellas nunca habrían terminado allí, lady de Villavicencio cuenta “ mi mamá siempre decía que prefería tener un hijo muerto que un hijo gay”.
[1]

La cultura de la violencia de la que estamos compenetrados es evidente en este espacio, ser concientes de la mística de la masculinidad que se ha creado, la imposición del patriarcado como el deber social se identifica también a través de los relatos a cerca de las injusticias que perpetúa la policía. Una estructura que debería velar por la protección y el derecho, en estos casos es la mas corrupta, como dicen varias líderes de la zona, es desde esas estructuras, desde la personería donde se juzga y crítica mas el trabajo de las prostitutas y es desde ahí mismo que se negocia y chantajea con servicios a las mismas. Son los pertenecientes a estas estructuras, los que desde el poder se aprovechan de la condición vulnerable de las personas en ejercicio de la prostitución no para defender sus derechos sino para violarlos. Esta es la ley del más fuerte, la ley que en la sociedad está inmersa, de aquéllos quienes se preguntan por qué existe tanta prostitución y no se preguntan por qué existen tantos hombres que acceden y buscan un servicio sexual. Desde las estructuras de poder, desde la educación, el inconsciente colectivo parece estar predispuesto.

La historia de las travestís, indigentes prostitutas parece encerrar la historia del modus vivendi de esta zona y la lucha por la supervivencia. Cuentan cómo a raíz de la prostitución, se han encontrado con hombres tan violentos que por pagarles dan por hecho que tienen un objeto y las han maltratado mucho, a lo que han respondido con violencia o simplemente con la decisión descarada que la forma de vengarse de los hombres es a través de los robos. De ahí en adelante la cadena de violencia es dura y aceptan que esa ha sido la forma de solucionar el problema del abuso, es un arma para sobrevivir en la calle. Fernanda de 18 años cuenta cómo llegó de 15 a la ciudad después de haberse escapado de la casa en Buenaventura y haber conocido un hombre mayor con el que se “casó”:

“…el me trajo a la ciudad y él me hizo probar el bazuco… yo lo sostenía a él porque yo puteaba y me hacía una cantidad e plata… yo me entregue al bazuco cuando mataron a mi esposo… a él lo mataron por un pavo (reentiéndase robo) que yo me hice”

Pero así como las travestís encuentran la violencia directa como solución, las mujeres prostitutas encuentran en la sumisión al mal trato la única forma de sobrevivir, en algunos casos. Los hombres por su lado compiten por la posesión de ellas y ejercen alrededor mecanismos de violencia por la competencia. Cada población por su lado encuentra la forma de sobrevivir en el medio, no existe un análisis real del conflicto, existe la comprensión del contexto y por lo tanto comportamientos que las hace fortalecer lazos de afecto, amistades, como dice Fernanda acerca de su relación con la gente que mas quieren en este barrio mas residencial, así como la relación con sus compañeras travestís y señala la confianza que no se debería perder como lo hace una de las travestís mas conocidas del sector:

“Nosotras las travestís somos muy unidas, pero siempre cuando nos falta algo a una nos falta a todas, podemos ser chismosas o peleonas, pero siempre nos ayudamos … Paola siempre rompía la confianza que todos hemos ganado, la gente tan querida de las tiendas acá le ha pedido favores y ella se ha robado la plata… descaradamente lo acepta y por eso es que se gana sus pelas.”

También es interesante ver como en el marco de este conflicto, muchas definen con orgullo de que a pesar de que se escaparon de la casa y pesar de todos los problemas que les ha traído la calle, se sienten contentas porque son libres de ser homosexuales, de poder autodefinirse y desarrollar su identidad. Inclusive en la actualidad inmersas en el problema y dolor de cabeza en el que se les ha convertido el bazuco, cuentan como han buscado en los centros de resocialización ayuda y son concientes que depende de ellas para muchas de las opciones institucionales le preste la ayuda como debe ser, como lo son los nuevos hogares de paso que dan desde talleres y según el proceso ayuda a oportunidades laborales.
[1] Lady después de hacerle un seguimiento por varios meses, el día que realiza la entrevista cuenta como días antes había intentado ir a visitar a su familia y volver a empezar. Pero con desesperanza afirma que no se aguantó mas, que su mamá solo la aceptaba si se comportaba como hombre para trabajar en la pequeña residencia en la que trabaja la mamá. Con el pelo corto ahora y con sus ademanes de mujer, prefirió volver a la calle con 21 años.

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