

Al revisar varios libros de historia de la fotografía se encuentran precedentes para considerar que los reales inicios de las fotografía y la composición fueron desde las pinturas de las cavernas, donde a través de dibujos se trataba de representar contextos reales, se ven perspectivas, composición. Por otro lado, durante el Renacimiento la pintura logró gran importancia por la perfección y el realismo con el que se hacían los retratos basados en la realidad, pinturas que se asemejaban mucho a lo que sería la fotografía y que por lo tanto era un símbolo de importancia y valor para la época lo que restringido y limitado para quienes no podían cubrir los costos de los mismos. Por lo anterior se cree que la clase media hacia el s. XVIII presiona por la existencia de algún método que les permitiera tener acceso al retrato; así empieza ser común la pintura miniatura donde por medio del dibujo se hacían imágenes del rostro de las personas permitiendo entonces que esto fuera de menor precio y de un acceso mas masivo al igual que la “etenne silhoutte” lámpara que proyectaba la imagen en papel negro y así posteriores inventos que permitían la copia y duplicados de los retratos a través de medios gráficos. Según el semiólogo Armando, Silva con el invento de la cámara, además de acabarse los inventos anteriores, se inició lo que se podía ser “la revolución de uno mismo no sólo por el hecho visual en sí sino por lo que acarrea diversos problemas epistemológicos”
( Silva, 1999 120)
Y es que la cámara no trajo consigo sólo reacciones positivas; la transformación de la imagen instaurada como la imagen pictórica, como el arte de pintar, de crear, para algunos era inconcebible cambiarla por un aparato. Sin pensar antes que habría un total cambio que este en realidad era un aparato que no solo producía imágenes, que su llegada estaba ocasionando cuestionamientos en lo mas profundo del ser y su existencia. Tal es el caso de uno de los comentarios mas importantes para la época donde
Leipzinger Stantanzeiger afirma:
“El deseo de capturar una reflexión momentánea... No es sólo imposible como lo ha demostrado el pensamiento investigativo alemán, sino que el sólo deseo de hacerlo es una blasfemia. Dios creó al hombre a su imagen y ningún constructor de máquinas puede fijar la imagen de Dios. ¿Es posible que Dios haya podido abandonar sus principios y permitiera a un francés en
París, dar al mundo un invento del diablo?”[1]
Por su lado Walter Benjamín en un pequeño documento sobre la historia de la fotografía comenta la significación de uno de los comentarios que hizo un físico, Arago y que se presentó el 3 de julio de 1839 ante la Cámara de los Diputados en defensa del invento de Daguerre. Lo interesante, era cómo era, cómo el físico exaltaba de manera sutil la diferencia entre la fotografía y la pintura «Cuando los inventores de un instrumento nuevo lo aplican a la observación de la naturaleza, lo que esperaron es siempre poca cosa en comparación con la serie de descubrimientos consecutivos cuyo origen ha sido dicho instrumento.» Esto quizá hace referencia en parte a algo que Benjamín llamó la chispita que se produce cuando un espectador observa la imagen, esa pequeña chispa que hace relacionar la imagen en el aquí y ahora. Esta conciencia se ha adquirido una vez han pasado décadas y décadas en las que se ha digerido y apropiado la existencia del invento, pero lo interesante acá es caer en cuenta del impacto de la introducción de una imagen cada vez mas natural y real como lo fue siendo la fotografía. El fotógrafo Dauthendey[2] habla de la daguerrotipia: «No nos atrevíamos por de pronto a contemplar largo tiempo las primeras imágenes que confeccionó. Recelábamos ante la nitidez de esos personajes y creíamos que sus pequeños, minúsculos rostros podían, desde la imagen, mirarnos a nosotros: tan desconcertante era el efecto de la nitidez insólita y de la insólita fidelidad a la naturaleza de las primeras daguerrotipias».
Si bien la pintura ya había hecho el intento de copiar la realidad, se percibe que las sociedades nunca antes habían interiorizado tanto que la realidad calcada no existe sino hasta la creación de la fotografía; o mejor desde la imagen fotográfica se empezó a dar mas valor a la irrealidad a la creación, a la importancia de no copiar con exactitud sino producir por el contrario mas sensaciones que acompañen la realidad. Es decir por mas de que la fotografía en lo práctico si tenga a su alcance crear imágenes mas reales, esta herramienta ha permitido antes que todo el cuestionamiento sobre qué tan importante es esto y qué tan calcada de verdad puede estar la realidad?. Joan Fontcuberta señala como uno de los personajes que presenciaron como puente las prácticas pictóricas y fotográficas del siglo XIX y la modernidad del siglo XX declaró: “La belleza es mi pasión; la verdad, mi obsesión” radicalizando la máxima unos años mas tarde “ La función de la fotografía no consiste en ofrecer placer estético sino en proporcionar verdades visuales sobre el mundo”( Fontcuberta, 1997; 13). En la misma línea Fotcuberta se refiere a la fotografía como ficción, fictio viene del participio de fingire que significa inventar lo que hace deducir que la fotografía es pura invención a lo que él reiteraría diciendo que toda fotografía sin excepción es ficción.
Históricamente entonces se viene siendo consciente de la importancia de la imagen para la transformación cultural del pensamiento, de cómo de una u otra manera la imagen ha cuestionado paradigmas, de cómo la imagen no es otra cosa que un cuestionamiento permanente del yo porque permite verse a si mismo en las diferentes facetas del ser humano, porque deja compartir las diversas visiones que sobre el humano hay en las diferentes culturas y porque quizá no esconde lo que esconden las palabras con la diplomacia, con los tabúes y taras moralistas que sobre las diferentes sociedades existen. De alguna manera Armando Silva trata de sintetizar gran parte del mensaje que se quiere transmitir aquí “ Se puede afirmar entonces que la fotografía no es mas que otro” ( Silva, 35: 1999) Es decir, este autor concluye que todos actuamos para otros ya que depende de su existencia que uno puede ver al otro y por ende verse a si mismo. Lo que en palabras de Lyotard (1993) es
“Si la palabra no anuncia nada queda condenada a decir a volver a decir y conservar significaciones adquiridas (función principal de los mass media) la interlocución no es un fin en si. Sólo es legítima si por mediación de otra persona, el otro de mi inconsciente me anuncia algo” (Silva, 36: 1999)”
La importancia de las reflexiones de Silva radican en el estudio de la imagen de sí mismo porque es a través de lo que se consolidó como el álbum de familia y a través de del estudio hecho en varios álbumes de la sociedad colombiana, como Silva pudo evidenciar esa reflexión permanente a cerca del yo. Pero esta misma operación es la que ha sucedido a través de la historia tal vez de manera inconsciente. Los diarios, los mass media han funcionado como un gran álbum de familia que ha socializado los cambios mundiales y las atrocidades cometidas por el ser humano, hechos que poco a poco han ocasionado reacciones, posiciones, paradigmas.
Ante la reflexión del Yo, Jean Paris se basa en Heidegger y anuncia que parte del origen del otro, parte del integrante del yo soy ese misein ese: -ser- con- del que en la afirmación significa al instante, semejante hermano. “Si yo me veo y yo me pienso, es que yo ya he construido otro anterior” (Paris, 1967: 117)
Entonces ese espacio de reflexión del yo, es precisamente ser concientes de que la realidad en la imagen no es tal cual allí se ve. Es estar concientes que el poder de la imagen esta en el momento en el que el ‘yo’ observador puedo conjugar, mi vida, mis recuerdos, mis imágenes; relacionando el aquí y ahora con la imagen observada, con esa intención, ángulo y enfoque que proviene de la realidad del fotógrafo. Es esa chispa a la que se refería Benjamín que mencionamos párrafos atrás, indudablemente es también esa definición que hace Barthes cuando se refiere a la relación del ‘yo’ con la imagen, lo que denomina “puctuon” “ese azar que en ella nos afecta (pero que también nos resulta hiriente)” (Barthes,2003) El “puctuom” nace de una situación personal, es la proyección de una serie de valores que proceden de nosotros, que no están originalmente contenidos en la imagen” (Fontcuberta, 2002:14). Ese pensamiento instantáneo que nace en el intervalo de los segundos cuando observamos una imagen.
Además de que los primeros pequeños retratos funcionaban ya como una especie de documento de identificación y posteriormente como una carta de presentación, después los álbumes fotográficos tendrían un efecto más profundo a cerca de la producción de la imagen hablada, si bien las otras imágenes producían comentarios aislados ahora los álbumes traían consigo historias hiladas a través de las fotografías. Silva plantea un esquema de observación de la imagen que puede ser útil acá : foto + observador = efecto mimético – imaginario. Seguidamente explica cómo desde el momento en que se nombra una imagen se le da un significado a la misma, indicarla es darle un significado metalingüístico ya que se adquiere un valor de la forma que se indica, por su lado también mostrar la imagen según el autor es una forma de negarse a nombrarla, es hacerla cumplir funciones visuales. Es interesente ver como a través de este esquema y de la revisión de varios álbumes fotográficos en todo el país, en diferentes épocas la obra el álbum de familia da cuenta de la identidad de país que se interioriza en cada una de las familias por medio de hechos históricos, así como también la identidad cultural va creando identidades, ritos, creencias de acuerdo al contexto.
La imagen, la ciencia y el yo
“El desconocimiento de la imagen como lenguaje y de la dinámica en la jerarquía de los sentidos, conlleva a un retrazo en el apoderamiento de las nuevas percepciones y procesos culturales.” (Goyes, 2002:11)
Pero con el fin de indagar mas acerca del efecto real que produce la imagen en el individuo, no basta con adentrarnos en el análisis del álbum de familia y tampoco es suficiente pescar hechos históricos que nos demuestren la aprehensión de la imagen y su incidencia cultural; es necesario indagar un poco en las explicaciones científicas que han tratado de dar una respuesta a esto. Para el propósito anterior se hace necesario conocer el funcionamiento del cerebro es un aspecto que dará una explicación complementaria a las interpretaciones que han hecho otros autores desde la semiología. Institutos de estudios en comunicaciones como el IECO de la Universidad Nacional, han realizado estudios recientes ante este tema y definen la comunicación visual como algo que es mucho más significativo que un intercambio de mensajes; ellos lo denominan como “una construcción de sentido interactiva e intercultural. Esta interculturalidad visual es interdisciplinariedad donde los conocimientos, las prácticas y los valores toman forma crítica y creativa” (Goyes, 2002: 1). A lo que agregan que ver la imagen y la comunicación que ella genera desde este enfoque, supera las prácticas comunicativas y educativas homogeneizantes y excluyentes.
Es bueno empezar por entender que el cerebro no capta el mundo exterior como un fotógrafo sino que construye una representación interna de los acontecimiento físicos externos ya que primero analiza sus componentes por separado pero simultáneamente. “Una imagen percibida no es la suma de sus elementos preceptuales, como creían los filósofos empiristas, sino que más bien el encéfalo organiza y selecciona los elementos de tal modo que crea una forma que es más que la suma e sus partes”[3] (Könisgsberg en Goyes, 2002; 3). Por otro lado planteamientos como el de Humberto Maturana que señalan al humano como un ser productor de imágenes permanente o mejor, que posee un cerebro creativo y por lo tanto denominado "autopoiético", esto nos hace comprender en parte cómo la reflexión cerca de la imagen vista, no es sólo pensamiento sino a la vez creación sucesiva de nuevas imágenes. Explica también cómo al ver otras imágenes, muchas veces nos vemos reflejados en ellas. Así mismo, Rodolfo Llinás complementa esta explicación afirmando también que el cerebro crea todo el tiempo, porque está siempre soñando.[4]
Pero es precisamente Humberto Maturana quien se acerca al cuestionamiento de este trabajo ya que define que la comunicación visual además de estar mediada por un orden biológico, químico, también está intervenida por impulsos nerviosos y es resultado de la experiencia cultural.
“Desde que Marshall McLuhan afirmó que el “medio es el mensaje”, seguimos insistiendo en que un medio de comunicación es una fuerza activa que crea efectos y afectos en el comportamiento social, y por consiguiente nuevas realidades perceptivas” (Goyes; 2002:7).
Así mismo la reflexión hecha desde la compresión biológica y de funcionamiento del cerebro para la comprensión de las imágenes en el contexto cultural social también esta enfocada como aporte para las nuevas formas pedagógicas, lo que Goyes (2002) ha llamado la dilogía entre las competencias semiótico- pedagógicas y los hermenéutico- pedagógico, es decir la educación del ver y la mirada, de lo textual y lo interpretativo, la imagen y lo imaginario. De esta manera este tipo de educación reconstruirá para el niño y el joven el mundo fragmentado de la sociedad de la comunicación. A lo que sería bueno agregarle el gran aporte que esta integración de conocimiento puede hacer a la sociedad en general, a los que no acceden a las academias sino están en permanente formación mediática, a quienes tiene más contacto con los medios masivos de comunicación.
Se deduce entonces que la imagen produce dos efectos imaginativos: primero representa los objetos y los seres de diversas maneras abstractas y subjetivas, mientras el segundo se piensa como grado de realismo en comparación con el objeto que representa. En este último “es el sujeto el que asemeja el contenido cultural de la imagen al contenido cultural del modelo original. Para el iconismo las imágenes no son simples reproducciones, sino formas de producir significados sociales” (Vilches; 1998)
Si observamos el llamado en los últimos estudios no solo es al análisis de las nuevas tecnologías y hacia la producción de la multiplicidad de medios que cada vez invaden nuestro mercado y nos brindan nuevas y más rápidas formas de socialización. Si observamos nuestros comportamientos, la mediatez a la que estamos arrojados, el estudio se ha concentrado en la producción de información más no a la percepción, a las diversas formas de percepción según los contextos de los sujetos.
“Cuando la imagen en tanto producción coincide con la percepción visual, se convierte en garante no sólo de la sensibilidad sino también del conocimiento del hombre de masas y del consumo. Al salirse del paradigma clásico de las ciencias humanas, la imagen requiere de una nueva perspectiva científica y de una recontextualización neohumanista” (Goyes: 2002: 12).
La ventana a esta reflexión mas profunda es la que pretende abrir este estudio que no solo ha querido analizar el modus vivendi de una población en específico ni tampoco generar sólo una reflexión retroalimentada de imágenes para el espectador y quien tome la foto. Estas percepciones se quedarán finalmente en cada uno por más de que se trate de sistematizar reacciones y de igual manera sacar conclusiones. Es necesario un seguimiento más complejo que permita hacer un real seguimiento de la experiencia de las influencias y transformaciones culturales que generan las imágenes. Lo importante es poder cuestionar todo esto que aparentemente ya tenemos instaurado lo que se crea día a día y vamos abordando sin cesar, por presión social, porque resulta ser la competencia a la que nos somete la supervivencia.
[1] Nota de prensa aparecida a los pocos días del discurso de Francois Arago ante la Academia de Ciencias y Artes de París (7 de enero de 1839), donde presentó el invento del Daguerrotipo. El presente extracto sería encontrado y citado en 1912 por Max Dauthendey.GERNSHEIM.1968.Pág.2.
[2] Fue uno de los primeros fotógrafos, reconocido por Benjamín, que usó el Daguerrotipo
[3] Esto es explicado desde la tendencia psicológica de la Gestalt “La Psicología de la Gestalt es una corriente de pensamiento dentro de la psicología moderna, surgida en Alemania a principios del siglo XX, y cuyos exponentes más reconocidos han sido los teóricos Max Wertheimer, Wolfgang Köhler, Kurt Koffka y Kurt Lewin. Este planteamiento se ilustra con el axioma el todo es más que la suma de las partes, con el cual se ha identificado con mayor frecuencia a esta escuela psicológica.” (Wquipedia diccionario virtual). “Cuando las células del tálamo funcionan a razón de dos ciclos por segundo, el cerebro está en estado de sueño profundo; a diez ciclos está despierto, pero no presta atención al mundo exterior; a cuarenta ciclos el cerebro está despierto o soñando intensamente.” (Goyes, 2002:3)
[4] Es interesante citar también la aclaración que hace Goyes a la explicación que hace Llinas “Soñar intensamente equivale a crear continuamente. El cerebro no es un recipiente ni una masa energética a la espera de algo que la mueva, sino una energía en alerta perceptiva, un acto creador capaz de transformar todo cuanto se le relaciona. Esta visión es importante para el pensamiento visual, entre otras cosas, porque se pone entre paréntesis crítico el realismo imaginal que produce la ilusión de verdad.” (Goyes, 2002: 5)
[5] Aquí se cuestiona el poder porque se quiere proponer el poder de periferia, el poder construido desde abajo que identifica las poblaciones vulnerables con las cuales se esta haciendo esta práctica. El poder que según la teoría del Caos .El efecto mariposa se deriva del hecho de que, como John Donne dijo, «ningún hombre es una isla». Todos nosotros formamos parte del todo. Cada elemento individual del sistema influye en la dirección del resto de elementos del sistema. De ahí la importancia del reconocimiento de este poder al hablar del poder de la imagen en los medios ya que quienes le damos valor somos los espectadores, televidentes, la sociedad observadora; quienes tenemos el poder somos los que elegimos, somos la periferia.
[6] No está por demás cuestionar, cómo esa lectura, esa mirada de la estigmatización de cultura de masas, aún hoy en lugar de inquietarnos a acerca de nuestro deber allí, ha contribuido a identificarnos como masa, invisibilizando la importancia del poder y el carácter individual. Como lo sustentan Jhon Holloway en Cambiar el mundo sin tomar el poder y Paloma Blanco en Modos de hacer: arte publico y acción directa. Quienes enfatizan en todo lo que constituye hoy el poder de periferia del que se trata de hablar aquí de manera tácita.
[7] El segundo momento se refiere a otro de los aspectos del exceso pero paradójicamente lo ha denominado “achicamiento del planeta” ya que éste da cuenta del exceso de espacio utilizado y la rapidez con la que contamos para el transporte, la comunicación y la comunicación satelital que prácticamente se introduce en la intimidad de cada hogar, transmitiendo información seleccionada que puede ser un engaño y una manipulación. En conclusión plantea cómo la rapidez y la abundancia han hecho del mundo un espacio pequeño para el hombre de hoy. Finalmente la tercera figura de exceso es la figura del “ego del individuo”, refiriéndose al estudio etnográfico antropológico, por medio del cual, según el los intérpretes, se constituyen a sí mismos a través de los estudios que se le hacen a otros, catalogando este método de reductor (del terreno al texto, del texto al autor) ( Auge, 42; 04). Esta característica es importante ya que saber estudiarnos como individuo ha adquirido gran importancia; según Auge, en otras épocas lo individual no incidía tanto en la colectividad como en la actualidad, lo que significa para el autor que la producción individual de sentido es, por lo tanto más necesaria que nunca (Augé,2004).
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